Conferencias

Mirta Ojito, Premio Pulitzer 2001

mirtaGris2Mirta Ojito, Premio Pulitzer 2001
«Lecciones de periodismo: A cinco pasos del éxito»

Mirta Ojito nació en La Habana, Cuba, y llegó a Estados Unidos en 1980 en un barco llamado Mañana como parte del puente marítimo del Mariel. Ha recibido el premio de la Sociedad Norteamericana de Editores de Periódicos por sus reportajes en el extranjero, y compartió el Premio Pulitzer de reportajes nacionales del año 2001 por su contribución a la serie del New York Times “How Race Is Lived in America”.

Mirta Ojito es una «marielita» que se confiesa inoculada por el virus del (buen) periodismo. Anoche, en un acto organizado en el Club Prensa MirtaOjitoAsturiana por la Asociación Iberoamericana de la Comunicación (ASICOM), con la colaboración del máster en Dirección de Comunicación y Nuevas Tecnologías de la Universidad de Oviedo, que patrocina LA NUEVA ESPAÑA, habló de su tierra natal, de sus sentimientos como reportera y de su libro, titulado en español «Mañana».

Y, como no podía ser de otra forma, de su «Pulitzer». Sería una osadía decir que Mirta Ojito lo tuvo fácil para ganarlo, pero, según explicó, las condiciones de trabajo fueron estratosféricas. «Fue una serie de reportajes sobre la situación racial en los Estados Unidos. Formamos un equipo de quince periodistas y no nos pusieron condiciones de tiempo ni de gasto. Fue un lujo, porque aquella serie costó millones». Mirta se fue a Florida, habló con casi medio centenar de personas y buscó la pareja protagonista de su reportaje, un par de cubanos del exilio, uno de raza negra y otro de raza blanca, íntimos amigos en Cuba y, a la postre, dos hombres que en su nueva patria se fueron distanciando aunque vivían cerca. «Cuando un cubano negro llega a los Estados Unidos sigue siendo un negro, cuando un cubano blanco llega sigue siendo un cubano». La vida del negro Joel Ruiz y del blanco Achmed Valdés fue contada en 6.000 palabras: «Best of friends, worlds apart», tituló el reportaje del «Pulitzer». «La emigración es el gran tema de principios del siglo XX».

Aquellos hechos protagonizados por Achmed y Joel sirven para recordar que «la historia la hacen los hombres y las mujeres normales. Poco a poco, decidiendo cambiar sus historias personales, alterando el curso de la vida y también lo que les rodea». Y puso un ejemplo, el embajador en funciones del Perú en Cuba en abril de 1980, cuando un conductor desesperado empotra su camión, junto a otras cinco personas, en la fachada de la Embajada peruana y pide asilo político. Cuba pidió a la Embajada que le devolvieran a los contrarrevolucionarios, y el embajador Pinto dice que no. En pocos días 10.000 cubanos entraron en el edificio diplomático y pidieron asilo. «Pinto había nacido en Alemania, su madre era de allí, y tenía unos recuerdos terribles de los militares norteamericanos tras la II Guerra Mundial. El recuerdo de un militar rompiendo los huevos que su madre guardaba para alimentar a la familia». Así, cuando un uniformado le exigió que le devolviera a los seis ciudadanos cubanos, dijo que no. No soportaba la imagen de un militar dándole órdenes.

Mirta Ojito está acostumbrada a hablar de periodismo ante un auditorio joven. El de ayer en el Club Prensa Asturiana era de edad variopinta, y algún oyente hizo valer su inconfundible acento cubano, la tierra que por el momento está vedada a la periodista norteamericana. «En lugar de Cuba tengo a España. No está mal». Y sobre periodismo dio algunos consejos, reflexiones personales sobre un oficio que no es un gran negocio, «sino una forma de ganarse la vida contando historias».

«Las mejores ideas del periodismo surgen de las observaciones», dijo esta mujer, que asume haberse convertido «en una de las caras más públicas del Mariel; parte de la mayoría de gentes que abandonó entonces Cuba para trabajar muy duro. Personas normales, no criminales, aunque también los hubiera» entre aquella masa humana en busca de un mundo mejor.

«La curiosidad es lo que mueve a los mejores periodistas». Y la humildad: «Infórmeme, dígame, explíqueme. Quiero saber lo que pasó. Es muy difícil que la gente se resista a esas palabras». Dice Mirta Ojito que nunca usa grabadora, y que usa un cómplice poco llamativo, la pequeña libreta que cabe en un bolsillo. «Una cámara puede ser terriblemente intimidante. Cuando trabajas con ella hay que tomarse su tiempo y hablar con las personas como un reportero y no como una estrella de cine». ¿La prensa española? La sigue poco, pero encuentra un defecto, y es que en España se da por hecho que el lector sabe de qué se le está hablando. «En los Estados Unidos nos enseñan a escribir para un marciano». Ojito fue presentada por la directora de LA NUEVA ESPAÑA, Ángeles Rivero, y la codirectora del máster de Dirección en Comunicación y Nuevas Tecnologías, Laura Galguera.

10 de Diciembre de 2008